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martes, octubre 19, 2021
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José Abdala: El sanmartiniano que apuesta al oro blanco

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José Carlos Abdala es quien tiene más experiencia en el país en vehículos eléctricos y energía solar. A comienzos de los 80 ya fabricaba calefones solares y en esos años también ideó y puso en la calle el primer auto eléctrico de Sudamérica. El hombre, vecino de San Martín, Mendoza, hoy dice que todos los vehículos eléctricos que se crean en el país, tienen un gran freno: las baterías. «El futuro no está en fabricar de autos, está en fabricar baterías de litio. Es el oro blanco, que solo se está exportando y luego lo importamos en baterías a costos altísimos», cuenta.

José es un hombre inquieto. Ya pasó los 60 pero su energía es misma del joven que fue y que jamás quiso aceptar manuales, sino escribir los propios. Cuando era niño ya probaba ponerle motor a sus autitos de juguete, aprovechando que su padre fabricaba baterías.

En San Martín y en Mendoza todos lo conocen y también tiene reconocimiento nacional. Sus inventos han dado la vuelta al continente. Por eso es que, con respeto y hasta con cariño, dice que aquellos emprendedores que actualmente buscan innovar con autos eléctricos en la Argentina, «están como yo al principio. El futuro de ellos es mi pasado y cuento mi experiencia para colaborar con todos».

Hoy hay varias fábricas nacionales de calefones solares, que comenzaron a ser muy requeridos después del salto tarifario en la gestión Macri. Pero José ya los fabricaba a comienzos de los 80, incluso antes de que Alfonsín asumiera la presidencia y se restaurara la democracia.

«Un día vino un amigo, que vendía todos metálicos en todo el país, y me preguntó si podía hacer calefones solares y le dije: ´Si, lo se hacer´. Yo lo veía como algo sencillo, un sistema básico. Mi amigo era buen vendedor, yo hice 10 calefones y los vendimos a todos inmediatamente, en San Luis».

Fue el comienzo. A José los calefones solares le permitieron progresar. «Mi amigo después se dedicó a otra cosa y yo seguí solo. Los vendía por círculo cerrado y entregaba uno por mes». Con los calefones José se compró la casa donde hoy tiene su hogar y el taller y también «una cupé Fuego, que era el auto del momento en el mercado».

Después vino el desafío del auto eléctrico. José y tres amigos, crearon la Compañía Argentina de Tecnología. José era el investigador y el que trabajaba sobre el proyecto mientras que los tres amigos, la familia Bestani entre ellos, apoyaban el proyecto, que tenía un plan de desarrollo de 4 años.

Con el chasis de un Renault Gordini, Abdala fabricó el primer auto eléctrico y, después, compraron un Fiat Uno 0 km y lo transformó. A esa altura el trabajo de Abdala ya figuraba en una lista de los principales desarrolladores de autos eléctricos del mundo. Estaba en cuatro lugar, después de General Motors, BMW y Fiat.

José ya era una personalidad nacional y su cara y su auto merecía la atención de los medios nacionales.

Pero había que dar un paso más y tentar a alguna fábrica para que el auto eléctrico se hiciera en cadena. «Tenía 16 baterías» cuenta Abdala y dice con la autonomía que tenía «se podía ir y volver de San Martín a Mendoza». Pero era pesado y ese peso era casi todo baterías.

«Después de dos o tres presentaciones en algunos lugares, se lo llevamos a Macri», recuerda, refiriéndose a Franco Macri, en ese tiempo cabeza de SEVEL en Argentina.

Macri tenía sus oficinas en las torres Catalinas, en Retiro, Capital Federal. El preludio de Puerto Madero. «Llegué a Buenos Aires y me compré un traje nuevo para verlo», rememora Abdala. Pero la respuesta del empresario no fue alentadora. «Macri nos dijo que, aunque anduviera a lechuga, no lo podía fabricar. SEVEL imponía no modificar nada en sus autos».

Pero ese fue solo el primer intento de José Carlos Abdala. Después creó otros 9 vehículos eléctricos másAlgunos fueron combinados, otros se alimentaban de energía solar, y así.

Autos, micros, minibuses, triciclos… Opciones distintas, para la ciudad, para parques cerrados, para pasear, para llevar personal. «Pero siempre el embudo son las baterías».

Dice que hoy las baterías de litio resuelven el problema. Mucho más livianas, de muchísimo mayor rendimiento. El problema es que todas son extranjeras y las desarrollan las grandes fábricas internacionales de automóviles.

Actualmente Tesla y Toyota van en la delantera. Y todos los esfuerzos de los emprendedores argentinos que intentan ese camino, quedan muy lejos en el mercado en diseño, rendimiento y también en comparación de costos. «Son autos sin autonomía, carísimos en comparación de costos y de baja calidad para los estándares actuales», dice Abdala.

Para José «la batería es el 50% del valor del auto. Hoy equipar un auto con baterías de litio es de 10.000 dólares y hace que un potencial auto nacional no sea competitivo no el mercado». Por eso sostiene que «el futuro no está en la fabrica de autos, sino los esfuerzos que se hagan para aprovechar en el país el litio, el oro blanco, y que no se vaya todo afuera y que regrese en productos costosísimos».

José imagina una política industrial nacional que impulse esto. Y después una política general, que facilite la homologación de los nuevos vehículos que se fabriquen.

Y sentencia: «Tenemos que hacer las cosas nosotros, porque de afuera no va a venir nadie a resolver nuestros problemas». Uno

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